Visión de la educación agrícola superior en el próximo decenio

EL CONTEXTO: Una Visión Descriptiva

La visión de la educación agrícola en el próximo decenio se puede expresar dentro del concepto de Universidad, que es un concepto histórico, vinculado a un tiempo y a un lugar. Pero que al mismo tiempo, es transmisor de unos saberes y de un cierto estilo de “curiosidad” e “interrogación”, que debe preservarse y adaptarse a los retos y circunstancias del presente: De este modo, la Universidad y la educación agrícola superior, deben ser capaces de dar respuestas a la sociedad que les da vida en cada momento y espacio, una respuesta que nunca ha sido ni es, absoluta ni invariable.

Los fundamentos de una visión universal de la educación superior para el siglo XXl, se pueden agrupar en torno a diez principios axiológicos, estrechamente dependientes unos de otros, que constituyen el carácter de universalidad de la educación superior, enmarcándola en el espacio y el tiempo, de acuerdo con la máxima del “pensar globalmente y actuar localmente”. La Universalidad de la educación superior supone :

El acceso universal para todos los que tienen las capacidades, la motivación ( acceso y mérito ) y la preparación adecuada en cualquier etapa de la vida.

La utilización de formas variadas de intervención para atender la necesidades de educación para todos y a lo largo de toda la vida.

Una vocación no solo de enseñar sino también de educar.

Tener una misión de vigilancia y estímulo.

Una función ética de orientación en períodos de crisis de valores.

Que se desarrolle a través de todas sus actividades una cultura de la paz.

Desarrollar redes de solidaridad universal con otras instituciones de educación superior y con otras instituciones de la sociedad.

· Desarrollar un modo de gestión basado en el doble principio de la autonomía responsable y la transparencia a la hora de rendir cuentas.

La voluntad de explicar los niveles de calidad y de pertinencia mas allá de los niveles concretos en determinados contextos.

Tener como principio axiológico, último y aglutinador de todo lo demás, trabajar por la unidad de hombres y mujeres en la diferencia y complementariedad solidarias.

Esta ambiciosa idea de lo que debe ser la universidad, es el núcleo de todas las consideraciones para proponer modelos de formación académica, dando oportunidad a la creatividad y la inventiva, que se manifestarán en la singularidad de proyectos, de tal forma, que las acciones que se formulen carecerán de real sentido si no son anticipatorios de escenarios futuros y no manifiesten su intención de modificar la realidad vigente ([1]).

La educación en general, pero especialmente la relacionada con el sector rural de América Latina y el Caribe, viene mostrando síntomas negativos cada vez más críticos. Aunque las causas del problema trascienden el siglo pasado, es también hacia finales de éste periodo que se acentúa la preocupación por resolverlo, por parte de las organizaciones que han asumido la responsabilidad de orientar la educación en las diferentes regiones geográficas y en los múltiples niveles del proceso formativo.

Según la UNESCO, “la segunda mitad del pasado siglo pasará a la historia de la educación superior como la época de expansión más espectacular, a escala mundial, el número de estudiantes matriculados se multiplicó por más de seis entre 1960 (13 millones) y 1995 (82 millones). Pero también es la época en que se ha agudizado aun más la disparidad, que ya era enorme, entre los países industrialmente desarrollados, los países en desarrollo y en particular los países menos adelantados en lo que respecta al acceso a la educación superior , la investigación y los recursos de que disponen. Ha sido igualmente una época de mayor estratificación socioeconómica y de aumento de las diferencias de oportunidades de enseñanza dentro de los propios países, incluso en algunos más desarrollados y más ricos” ([2] ).

El nuevo Proyecto Regional de Educación de América Latina y el Caribe (UNESCO, 2001-2015), que refuerza el cumplimiento del Marco de Acción de Educación para todos acordado en Dakar (Abril, 2000), se fundamenta en el actual panorama social de la región “caracterizado por un aumento de la exclusión, un ensanchamiento de la brecha social, el desempleo y las migraciones, es preciso reconocer que el desarrollo requiere de políticas sociales y económicas decididas que contribuyan a paliar las causas que generan tales desigualdades y que fortalecen, en particular el desarrollo de una educación inclusiva, para todos y respetuosa de la diversidad” ([3]).

Tal como lo señala la UNESCO en la pasada conferencia mundial, “ La educación superior se enfrenta en todas partes a desafíos y dificultades relativos a la financiación, la igualdad de condiciones de acceso a los estudios y, en el transcurso de los mismos, a una mejor capacitación del personal, la formación basada en las competencias, la mejora y conservación de la calidad en la enseñanza, la investigación y los servicios, la pertinencia de los planes de estudio, las posibilidades de empleo de los diplomados, el establecimiento de acuerdos de cooperación eficaces y la igualdad de acceso a los beneficios que aporta la cooperación internacional”([4])

El Banco Mundial afirma que el sistema de educación superior constituye un problema social, en atención a que su financiación se convierte en una onerosa carga para los presupuestos estatales, sobre todo en una época de restricciones fiscales y de disminución de presupuestos públicos. planteando que la crisis de la educación en los países en desarrollo es el resultado de la miopía política, de las dificultades de gestión, del poco liderazgo político y de la falta de regulaciones gubernamentales, siendo la orientación central precisa y contundente, al expresar que son urgentes las reformas en la educación superior y cualquier expansión futura de la demanda debe privilegiar las opciones ofrecidas por las instituciones privadas ([5]).