ESTUDIO PROSPECTIVO SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVAS

 DE LA EDUCACIÓN AGRÍCOLA MEDIA Y SUPERIOR

 EN LA REGIÓN ANDINA

 

A MANERA DE CONCLUSIONES

Este trabajo se planteó determinar la situación actual y elaborar las perspectivas de la educación agrícola media y superior en la Región Andina, siendo un estudio prospectivo y adoptando la forma de un documento base. En su esquema de desarrollo se guió según el principio de agregar valor al valor agregado y poner de relieve la cuestión prospectiva y estratégica. Ese objetivo creemos ha sido alcanzado.

Como hemos visto, la Región Andina en lo tocante a su educación media y superior agrícola se encuentra ante la perentoria necesidad, de naturaleza histórica podríamos decir, de proceder a cambios profundos, genotípicos, y transformarse en beneficio de sus sociedades e instituciones.

Al parecer, de asumir cauces de acción que podrían alejarla de las nobles, elevadas y necesarias visiones y misiones del proceso educativo en su sentido societal, de trascendencia, las derivaciones apuntarían al fortalecimiento de “escenarios” adversos, a intentar replicar el pasado en el futuro y a descartar, sencillamente, oportunidades de edificar nuevas realidades en el marco de un devenir que la favorezca.

Claramente el IICA, las universidades de vocación agrícola (en su sentido amplio) de la Región Andina, y otras instituciones, han identificado tal necesidad, dándose los primeros pasos en la dirección de transformación en el período 1996 - 1999 y además, muchos de los elementos sustantivos para tal finalidad han sido elaborados y difundidos ampliamente en forma de libros y otras modalidades.

A título de ejemplo leamos a continuación uno solo de los elementos sustantivos, en este caso ofrecido por el entonces Director del Centro de Educación y Capacitación (CECAP) del IICA, Sr. Jaime Viñas - Román (1997), en su notable trabajo “La Comunidad Agropecuaria de América Latina y el Caribe y la Educación Superior Agrícola frente a los Desafíos de la Globalización y el Desarrollo Sostenible”, comentado en este mismo documento:

“¿Qué profesionales requerirá el agro de nuestros países en el mediano plazo? Definir los planes de formación de los profesionales a partir de los escenarios futuros probables es una necesidad básica de cualquier proyecto educativo que no se resigne a formar los  profesionales del futuro de acuerdo con las necesidades de hoy, o lo que es lo mismo, que no acepte nacer atrasado. El proceso de formación de un producto de mediano plazo requiere actuar en la línea del profesional que se requerirá mañana, para no brindar en el futuro a nuestros países el profesional que estos requerían ayer. ... El nuevo sector dentro del cual deberá moverse la agricultura en el próximo siglo, parece tener como elemento central de identificación la necesidad del manejo del cambio permanente. El simple manejo del cambio, sin embargo ya no será suficiente, ... construir y reconstruir al sector todos los días, dentro de un esquema de producción y conservación y no de conservación y producción, con originalidad, novedad, decisión y sobre todo, con participación, será el reto y distintivo de la agricultura del siglo XXI, exigiendo por lo tanto un nuevo profesional agropecuario delineado por un currículo adecuado a un escenario tan cambiante”

Ahora bien, con este estudio base se ha montado la plataforma de análisis, oteado el horizonte, explorado el mañana, contrastado tendencias e imágenes de futuro, previsto la decisión estratégica, propuesto un proyecto regional andino que juzgamos imprescindible (pero no anticipado y más bien en retraso), además, se ha recomendado al espectro de actores estratégicos lo que se ha considerado, en primera instancia, esencial para que, conforme al pensamiento sistémico y en la perspectiva de iluminar decisiones de alta dirección académica y de gobierno, se pueda conseguir un gran cambio a partir de un pequeño esfuerzo, conociéndose el punto de palanca, lo que también creemos valiosa y útilmente se ha investigado y descubierto. Estimamos que el salto cualitativo ha sido logrado y falta adoptar la decisión.

Adoptar la decisión implica conciencia, coraje, voluntad y pasar a edificar futuros deseados. No tomarla implica igualmente renuncias y consecuencias. Veamos en tal sentido el siguiente conjunto de aleccionadores ejemplos y contundentes señales.

El entonces Presidente de Los Estados Unidos de América, Jimmy Carter, encomendó el 23 de mayo de 1977 al Consejo sobre la Calidad Ambiental y al Departamento de Estado un estudio de los cambios mundiales probables en materia demográfica, de recursos naturales y ambiente hasta el final del siglo, el cual sería la base de la planificación a largo plazo del país. En 1981 fue finalizado y publicado “The Global 2000. Report to the President”. En el  prólogo a la edición española de “El Mundo en el Año 2000” (Tecnos, 1982) se puede leer: “muchos de los estudios realizados en el pasado llegaron a importantes conclusiones que, si hubiesen sido puestas en práctica, habrían dado beneficios a largo plazo, de muchos de los cuales ya estaríamos disfrutando hoy. No obstante, los informes fueron generalmente arrinconados e ignorados.” En aquel año, pasadas más de dos décadas, el Secretario de Estado, señor Muskie, en relación a la publicación destacó lo siguiente: “si empezamos a trabajar ahora, al cabo de veinte años diremos que el informe El mundo en el año 2000 se equivocó. Y nos felicitaremos por haber tenido la prevención de construir un mundo mejor.”

Estimó el señor Muskie que al cabo de veinte años, es decir en el 2002, se habría avanzado en la construcción de un mundo mejor. Nosotros razonablemente coincidimos en tal apreciación.

Por contraste, pasado el tiempo, la situación que describe Edgar Morin en el año 2000, en “Los siete saberes necesarios a la educación del futuro” y que leeremos ahora, es la siguiente: “el siglo XX no ha dejado la edad de hierro planetaria, se ha hundido en ella. ... Si la modernidad se define como fe incondicional en el progreso, en la técnica, en la ciencia, en el desarrollo económico, entonces esta modernidad está muerta”.

Pasquali (2002), en su reciente obra antes referida por nosotros “Del futuro - hechos, reflexiones, estrategias”, producto de un profundo y denso trabajo en el cual además de importantes contribuciones, explora ya ingresado en él, el siglo XXI, lleva a nuestro conocimiento lo que a continuación leeremos:

“La herencia bifronte de las conquistas y de los peligros nucleares, ecológicos, espaciales y genéticos (por no hablar de otros) es de tal magnitud, y las decisiones a tomar tan relevantes, que el siglo recién comenzado - démoslo por cierto - vivirá como nunca antes la obligación de incorporar a toda decisión de relevancia una variable independiente e insuprimible llamada futuro, una suerte de constante futurista o futurológica que dejará bien atrás las despreocupaciones, los individualismos y los carpe diem de hoy, impulsando desde abajo la necesidad de una moral a futuro como la indicada por Hartmann. Esta visión obligatoriamente optimista (la alternativa es perecer) contiene un aviso a los jóvenes de hoy, a los principales navegantes en el siglo XXI: lo que ellos hagan o dejen de hacer tendrá consecuencias sobre el futuro de la especie, del planeta tierra, de la vida en general y de la relacionalidad humana, de un peso, consecuencias y trascendencias nunca conocidos en la historia del hombre. El salto exponencial dado por las ciencias en las últimas tres o cuatro generaciones nos ha conducido tan cerca de diferentes abismos - ecológico, genético, nuclear o cibernético -, que las decisiones y rectificaciones en esos sectores a cargo de nuestros próximos descendientes tendrán un peso inconmensurables, de temor y temblor, para el puesto del hombre y la vida en el cosmos”.

El 19 de mayo del 2003, al tiempo de escribirse este documento, tuvimos el honor de participar en el Seminario Regional Andino “Derecho del medio ambiente y tecnologías limpias para un desarrollo sostenible”, llevado a efecto en la ciudad de Caracas por iniciativa de varias instituciones, entre ellas la Embajada de Francia en Venezuela, la Asociación Franco-Venezolana de Juristas, la Sociedad Franco-Venezolana de Ingenieros y Científicos, y la Universidad Metropolitana (reconocida institución privada de origen empresarial). En el acto de apertura el Sr. Rector Moreno León hizo presente, entre otras, las siguientes consideraciones:

“En la Universidad Metropolitana creemos, tal como lo definieron desde sus orígenes los promotores de esta casa de estudios que para asegurar la gobernabilidad en democracia del desarrollo de nuestros pueblos, es imprescindible lograr la justicia social y promover la solidaridad humana. Para ello la universidad no sólo debe formar profesionales con reconocida calidad técnica y capacidad emprendedora, sino igualmente con altos niveles éticos y comprometidos con el desarrollo del país y de la sociedad en general, dentro de los criterios del desarrollo sostenible que inspiran la agenda de este seminario. ... Pero el proceso globalizador, en su tendencia actual no sólo está generando ... inmorales realidades de desigualdad y exclusión; también es alarmante la tendencia agotadora y destructora del ambiente que genera este proceso. ... Y es que es indudable que la sustentabilidad ecológica del proceso de globalización está severamente amenazada al extremo de que ya se habla de la posibilidad de un caos ecológico mundial, si se mantienen las tendencias poco amigables con el ambiente que están implícitas en el modelo economicista en el que se fundamenta la globalización contemporánea.”

El profesor Federico Mayor, en su anterior condición de Director General de la UNESCO, dijo valiente y reiteradamente “el mundo es uno o ninguno”, y esto es válido para el rural y para el urbano, agregamos nosotros. Afirmó también en una entrevista televisada de difusión global, en este mismo mes de mayo de 2003,  palabras más, palabras menos, “lo que pasa es que la humanidad está mal educada”.

Agregando valor al valor agregado, desde la estatura de estadistas, recordemos las siguientes palabras cargadas de futuro, de esperanza y de compromiso del Sr. Brathwait, Director General del IICA: “me encuentro hoy aquí por que aun creo que algún día la humanidad logrará la meta de conquistar la pobreza rural y podrá proclamar un mundo de dignidad humana y equidad social para todos. Me comprometo a contribuir al logro de esa meta, mediante el trabajo de nuestro instituto. ... Por lo tanto, compartamos nuestro conocimiento, nuestro compromiso, nuestra energía por el beneficio del pobre rural. Adoptemos un espíritu de servicio y cooperación, dejando atrás los conflictos del pasado no resueltos. ... Hoy es un nuevo día, la nuestra es una nueva época”.

Digamos con Robert  Musil “no es que el genio se adelante un siglo a su tiempo, es la humanidad la que se encuentra cien años por detrás de él”.

Y acto seguido, plenas y plenos de futuro, de esperanza y de compromiso, en la más noble mirada hacia la Región Andina y hacia la entera humanidad, asumamos con mayor intensidad aquel Homo históricus que encarnamos, y de una vez por todas redoblemos esfuerzos para la edificación de un mundo digno, en el cual la presente generación, la nuestra, no comprometa la vida - o calidad de la misma - de las próximas, con lo cual, más adelante, orgullosas de sus progenitores, estarán en condiciones de valorar nuestra ética del futuro, nuestro talento, y el alcance histórico de nuestras decisiones de hoy y de mañana.