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ESTUDIO PROSPECTIVO SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVAS
DE
LA EDUCACIÓN AGRÍCOLA MEDIA Y SUPERIOR EN LA REGIÓN ANDINA
ELEMENTOS PARA UNA TEORÍA DE FUTURO
Del
continuo humano Referirse
a la “situación actual” y a las “perspectivas” obliga, por
razones filosóficas y metodológicas, a referirse al “presente” y
también al “futuro”, por tanto, igualmente al “pasado” y a las
“dinámicas humanas” que lo han hecho expresión de historia. Estamos,
entonces, en el campo de la teoría de futuro, tal como quien esto escribe
lo viene sistemáticamente trabajado en publicaciones precedentes,
especialmente en su obra Futúrica, prospectiva en acción (Medina, 2000a)
y como la venimos construyendo y profundizando mediante nuestras
investigaciones en curso. La teoría de futuro, como
la concebimos, admite de partida un continuo pasado presente futuro en la
línea de tiempo, en la cual se inscribe, también el naciente continuo
humano. Este, integrando la familia denominada “hominidae”
evolucionando con su actual (y privilegiado) Homo sapiens sapiens,
quien configura la humanidad de nuestros
días, de la cual nosotras y nosotros formamos parte. Continuo que, por demás,
dibuja la ruta desde etapas remotas de vida inicial de evolución humana,
digamos entre unos mil y unos setecientos milenios - de un millón a
setecientos mil años -, hasta este neonato tercer milenio de la era
cristiana con proyección, aspiramos y esperamos, hacia la elevada etapa
del Homo históricus, supremo nivel de dignidad y grandeza, de
elevada estatura de Humanidad; humanidad con H mayúscula, plena y
trascendente. Tal continuo humano ha
implicado en su gestación y conformación, la presencia de
probabilidades, condicionantes, actores y decisiones en la compleja danza
de la vida. Hablar de “pasado”
remite a la noción de tiempo, de historia, de eventos ocurridos, de
acciones acaecidas, entre ellas unas han dejado huella, otras han quedado
en el olvido, todas son acumulados y en conjunto representan experiencias,
aprendizajes, conocimiento. Pasado es decisión dilemática adoptada ante
opciones disímiles, ha sido apuesta y por tanto renuncia. Pasado es
construcción histórica y también pasado es futuro. Pasado es el riesgo
de quedarse anclado pero también representa un potencial de sabiduría. Presente es encuentro entre
pasado y futuro. Presente es crisol, es el aquí y el ahora de hoy, de la
decisión, del hacer. Presente, a su vez, es coyuntura y momento histórico,
es milésima de segundo e igualmente, en términos relativos, tiempo
extendido mientras dura la acción. Presente, para ser pleno, debe ser
congruencia total. Futuro
es porvenir, si pasivamente lo esperamos. Futuro es devenir, si
voluntariamente lo edificamos. En la visual del devenir, el futuro será
la realidad que tomará cuerpo y emplazamiento como producto de decisiones
adoptadas por los diversos actores de un sistema determinado y bajo
condiciones prevalecientes. Futuro
es, así mismo, el espacio temporal en que transcurrirá lo mucho o poco
que individualmente nos reste de vida y, más que eso, lo que nuestra
capacidad societal logre edificar, no tanto por sus realizaciones
anteriores sino más bien por sus sueños y proyectos de cara al mañana. Futuro
también es el espacio vital que podemos
impactar toda vez que el pasado ya ha sido materialmente realizado, el
presente se nos escurre entre los dedos y segundos a pesar de ser el aquí
y ahora determinante para la acción concreta; y, el devenir está por
construir. En
el futuro, como espacio
temporal,
se predeterminan imágenes y emanan influencias sobre el presente. Así, lo aparentemente inexistente
pre-condiciona lo existente. El futuro es un espacio definido, en buena
medida, por nuestras expectativas y ellas, a su vez, redefinidas, en no
menor proporción, por el futuro. Este, es un espacio post decisional que
condiciona las decisiones del presente. El futuro edificado
voluntariamente como producto de un proyecto trascendente no será la
sumatoria de los cortos plazos. Si pasado es riesgo de anclaje y potencial de sabiduría, y presente invoca congruencia, futuro no debe ser evasión pero si fuerza de atracción. En
esas múltiples visuales nos referimos a la noción de futuro, con su
sentido pleno, como historia total, global, hacedora de caminos diversos y
de procesos y creaciones de largo alcance. André-Clément
Decouflé (1974), reconocido prospectivista, recupera de McHale su valioso
aporte del “sentido del
futuro”, expresado así: “el futuro del pasado está en el futuro, el
futuro del presente en el pasado y el futuro del futuro en el presente”.
El siguiente gráfico que ahora elaboramos y presentamos expresa esa
comprensión, como sigue: Gráfico
Nº 1
LA
NOCIÓN DE PROSPECTIVA Referirse
a los términos situación actual y perspectivas, obliga a considerarlos
en el seno de una noción más amplia: la de prospectiva. La
prospectiva, se puede decir, es una disciplina en formación producto de múltiples
contribuciones ofrecidas por un cada vez mayor número de profesionales
ocupados de generar pensamiento, desarrollar metodologías, proponer
pautas de acción, estructurar institucionalidad; y, en definitiva,
coadyuvar con la especie humana en ese largo camino de edificar su devenir
inspirado en la trascendencia. El
proceso de génesis de la prospectiva, aun en curso, es bastante sistemático,
dinámico, y sobre todo fértil. Por tal razón se aprecia en la
literatura relevante sobre el tema una rica emergencia de aproximaciones
teóricas y de enfoques conceptuales, fenómeno que, al tiempo de avanzar,
también se nutre de sus propios aportes y realizaciones.
Medina
(2000b) al propio tiempo afirma que desde su origen, al menos formalmente
situable hacia mediados del siglo XX, conforme a su obra Futúrica,
diversos autores han abordado la noción de prospectiva y trabajado en
ella y con ella. Conocemos
que la prospectiva ha evolucionado desde sus concepciones iniciales hacia
la moderna noción de prospectiva estratégica, tal como la información
que ahora se introduce lo evidencia a la luz de la síntesis que hemos
efectuado de las contribuciones de variados autores. Así,
la noción inicial de Berger (estudio, al mismo tiempo global y ordenado,
de los acontecimientos y de los hombres), de Decouflé (mirar a lo lejos
desde lejos), y de Jouvenel (futuribles), ha dado lugar, en cierta forma,
al énfasis en el sentido de la movilización humana en una acción de
envergadura (Tiano), enriqueciéndose luego con diversas contribuciones
como las de Hodara (los estudios del futuro), Mojica (inercia y cambio),
Laverde (acción de crear el futuro como proceso histórico transformando
el presente), Martín Iñiquez (valorar la capacidad de poner en marcha
recursos en pos de objetivos usando acciones del presente en función del
futuro probable y deseable - futurable -, sin desechar un pasado y un
presente conocidos) y, Miklos y Tello (aporta a la planeación y a la toma
de decisiones y permite ofrecer políticas y acciones alternativas). La
prospectiva se introduce y vincula más remarcablemente en el mundo de la
estrategia con los trabajos de Godet (el proyecto arrastrado por el deseo
es el motor de la acción) y de Gabiña (previa a la toma decisiones
estratégicas, movilizadora y permite a cada actor resituar su posición y
darle un mayor sentido a la acción ... ganar el futuro). Con
Masini se fortalece el proceso de investigación y de formación para
asumir la historia por hacer, Bell avanza en la caracterización de la
prospectiva como disciplina y Bas fortalece
su abordaje hacia la realidad social y los procesos de cambio. Para
nosotros, con estos antecedentes, afianzar la cultura prospectiva (lo que
el Homo sapiens sapiens incorpora al Homo históricus) pasa
por abordar esta noción en su sentido más amplio posible, como a
continuación intentamos hacerlo. Sostenemos el criterio de que la
prospectiva es una expresión de la cultura humana que guarda relación
con, y admite, el continuo circular pasado, presente, futuro. Esa expresión
cultural se acerca al hecho universal, cualquiera sea su manifestación en
el ámbito planetario o extraplanetario, en horizontes distantes de tiempo
apreciados simultáneamente. La
prospectiva, como expresión cultural, asume que el futuro se puede
construir deliberadamente y es el producto de la acción voluntaria de los
seres humanos. Esa construcción voluntaria debe fundamentarse en diversas
dimensiones, entre ellas, la filosófica, ética, estratégica, política,
programática, instrumental y técnica. Debe concretarse mediante ejes
rectores de su accionar, ellos son, al menos, los de la
transdisciplinariedad, la investigación, la formación, lo metodógico y
la comunicación. Su
accionar, de otra parte, se apoya cada vez en mayor medida en la creciente
modelística y en el expansivo y denso arsenal instrumental, en cuyo máximo
nivel de sofisticación y potencia se puede ubicar, hasta ahora, el método
de escenarios, que implica visiones a largo plazo bajo realidades futuras,
tendenciales y de contrastes. En
el mismo hilo conductor, y dirigiendo la mirada hacia la materialización
concreta y democrática de utopía y proyectos, surge así, en nuestra
propia perspectiva, la noción de construcción de futuro, la misma que
invoca la transición entre la utopía y la realidad real. Es una noción
de realidad concreta. Ella integra a las nociones de prospectiva, de
estrategia y de acción deliberada, y se proyecta hacia el aseguramiento
de transformaciones de alta dirección mediante el hecho mismo de conducir
procesos de cambio (públicos, privados, colectivos, individuales), desde
una cultura prospectiva. En
la construcción de futuro se asume la reflexión prospectiva y la
claridad estratégica para plantearse y lograr el dominio de los procesos
de transformación, mediante ciencias y técnicas de gobierno, en un mundo
en el cual los fenómenos socio-políticos, tecno-económicos y
ambientales toman cuerpo, los actores juegan y se expresan, las apuestas
cristalizan, y las utopías y proyectos se hacen asertivamente, fracasan o
se extinguen. Acá,
entonces, la proyectística expresa y valoriza todo su potencial
transformador, y si es asumida con sentido estratégico, representa un
factor esencial para la edificación voluntaria y deseada de nuevas
realidades. Ahora
bien, entendemos que las nociones de prospectiva y de estrategia han
evolucionado en el tiempo, igualmente consideramos que esta noción de
construcción de futuro no es estática y su devenir, de alguna manera, es
predecible. En
una visualización anticipada del devenir de la construcción de futuro
hemos propuesto y desarrollado la noción de “futúrica”, la
misma que en nuestro concepto invoca el potenciamiento de la construcción
de futuro mediante el apoyo de nuevos recursos vinculados a la computación,
al conocimiento, a la inteligencia, a la cibernética y a los sistemas
expertos, entre otros. Dicho
potenciamiento lo concebimos sin reduccionismos tecnocráticos y
prevaleciendo la naturaleza humana en los procesos de transformación
societal que, indefectiblemente y mirando a lo lejos desde lejos, tomarán
cuerpo como producto del transito que desde hace miles de años el “Homo sapiens” ha venido desarrollando en su ruta
hacia lo que hemos denominado “Homo
históricus”. El
vocablo futúrica lo hemos ideado combinando las palabras futuro e
informática. La noción de futúrica anticipa la prospectiva de la
prospectiva. Esa prospectiva, emergente si se quiere, podría ser (en
sentido figurado) la recombinación “química” o también la creación
enérgica y pujante de la noción de construcción de futuro de las próximas
décadas, auxiliándose y apropiándose significativamente, ella misma,
del futuro de la informática y de la informática del futuro
(miniaturización, investigación de cerebro y mente, velocidad del
cambio, red extrema, hiperdiseño, etc.). Si se quiere, futúrica
es la denominación de la futura noción de construcción de futuro.
No
quiere decir esto que la informática en el proceso de construcción de
futuro no se haya utilizado, sólo que ambas nociones son relativamente
recientes y la segunda se dinamiza a una velocidad superior y muy
desproporcionada en relación a la primera. Tampoco quiere decir que la
informática reemplace al juicio humano o a la intuición. Quiere decir
que la informática se transformará cada vez más y más en potente
auxiliar de la construcción de futuro para, por ejemplo, mejorar la base
estadística, una mejor y más potente previsión, el diseño de
escenarios e imágenes de largo plazo, la modelística y simulación, la
negociación, el diseño de proyectos trascendentes, la cimentación y
adopción de decisiones complejas y la auditoría de dirección. Ya
en abril del año de 1986 en un artículo aparecido en la Revista Capítulos,
publicación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), quien esto
escribe abordó la cuestión informática intentando conceptualizarla, a
través de sus aspectos técnicos, económicos, sociales y políticos, y
determinando su importancia y principales aplicaciones. En esa oportunidad
afirmamos que el dominio de la informática constituía, sin duda, un
instrumento efectivo para generar, mantener o modificar las condiciones en
las cuales se desarrolla la historia de la humanidad. Las
realizaciones hasta ahora alcanzadas (y conocidas) por esa fusión entre máquina
y programa para tratar de manera automática la información, no dejan
lugar a dudas sobre su vertiginoso poder sobre el curso presente y futuro
de la historia del hombre. La exitosa clonación de la oveja Dolly y
posteriormente de material cromosómico humano interviniendo mapeos de
información genética, la impresionante presencia y capacidad de
Internet, el impensable diseño de rutas interplanetarias, la exploración
in situ del planeta marte
y la realidad virtual llevada a la frontera del conocimiento y de la
imaginación mediante cientos o miles de aplicaciones, entre deslumbrantes
descubrimientos e inventos, nos obligan a presagiar inéditas e
impresionantes realidades más allá de la curva actual y previsible del
explosivo desarrollo de la innovación científica que, como sabemos, en
la actualidad se encuentra apenas en sus primitivos pasos. Hablar,
por ejemplo, de robótica, domótica o burótica, aunque poco hayamos
escuchado sobre ello, es asunto del pasado. Ahora es menester plantearse
la prospectiva del hombre mismo como entidad total. Hombre, entre varios
ejemplos imaginables, con otros desarrollos cerebrales, con nuevas
facultades físicas y biológicas, con recursos acrecentados de acumular y
usar conocimiento, dotado de mayores niveles y capacidades de inteligencia
y hábil para vivir en ciudades tanto en las profundidades marinas como
fuera de la atmósfera terrestre. Será el advenimiento de una era y su
concomitante cultura. Será una naciente
utopía, una nueva historia por definir, por concertar y concretar. Será
un insólito y más determinante desafío. Será un asombroso y, hasta
donde sabemos, desconocido constructo planetario.
Entonces
la futúrica (en tanto futuro de la construcción de futuro)
posibilitará y facilitará nuevos diseños y avances tanto en las
relaciones internas de las sociedades como en aquellas externas entre los
pueblos del orbe, en procura de una civilización planetaria capaz de
apoyarse en la ciencia y en los valores trascendentes, en las culturas y
en el ambiente con el objeto de hacer frente a su próxima aventura
existencial. La futúrica, en esa aventura, facilitará la
postdicción en beneficio de la predicción y, esperamos, la cultura de la
paz en beneficio de la futura Humanidad. Mucho depende de nosotros y eso
se juega antes de que el niño alcance los seis años de edad. Pasquali
(2002) en su relevante obra “Del futuro. Hechos, reflexiones,
estrategias”, evalúa en los siguientes términos la noción anterior:
“Recientemente Misael Medina, en Futúrica, prospectiva en acción
... sugiere el empleo del término futúrica (a semejanza de robótica,
burótica, monética, cibernética o informática). ... Desde un enfoque
de prospectiva y planificación estratégica, la escogencia parece feliz;
el sufijo griego ticós sugiere la idea de «instrumento» e «instrumento
adecuado»; en Platón kuberneticós indica quien es
«apto a gobernar un barco» ... La futúrica (una contracción
eufónica de «futurótica») sería entonces, por coherencia etimológica,
el conjunto de disciplinas, saberes y métodos «más aptos» para abordar
la problemática del futuro desde un ángulo voluntarista y
prospectivo.” ASUMIR EL FUTURO En
nuestra propia concepción postulamos que el futuro hay que asumirlo, lo
que implica optar ante tres
posturas estratégicas, tres expresiones culturales. Significa dejar de
lado las actitudes estratégicas que culturalmente invocan: i) la
linearidad (que implica intentar replicar el pasado en el futuro); y, ii)
el determinismo (asumiéndose que habrá cambios pero que como actor de
referencia no se tiene espacio ni margen para la acción ante el hecho de
la construcción de nuevas realidades; y, iii) abordar decididamente el
camino del Homo historicus apuntando a los mayores niveles de
dignas y trascendentes realizaciones, propias del Homo sapiens sapiens,
ello mediante la cultura prospectiva que asume actuar en el presente a
partir del futuro. Implica del mismo modo abrir
el espectro mental del actor de referencia, caminar hacia lo
transdisciplinario desde lo profundo de las disciplinas, a través de
ellas y trascendiéndolas; desplegar la capacidad de movimiento entre
milenios, de apropiación cultural del pasado, de explorar horizontes distantes y de penetrarlos, de
anticipación y de construcción, de comprender y comandar
la globalidad y el contexto, las perspectivas y el metasistema (nivel
superior del sistema de entornos) en el cual se pretende
investigar y actuar transformadoramente. Implica,
asimismo, disponer de un sistema apropiado e integrado de nociones,
contextos, perspectivas, conclusiones, propuestas y creaciones, teniendo
presente relaciones fundamentales que anteponen el pensamiento complejo
ante el simple, la visión de globalidad sistémica ante el individuo o la
entidad aislada, la utopía ante el pragmatismo, y la voluntad de
trascendencia ante la inacción, la linearidad y el determinismo. En
esto debe tenerse plenamente en cuenta que la decisión ideal de cara al
futuro se edifica a partir de una cadena de valor que, sobre la base de
nuestros conocimientos y experiencias, venimos estructurando a partir de
conocimiento (conoc) que genera conciencia (conc), conduciendo, a su vez,
a compromiso (comp), elevando las capacidades (cap) y afianzando el cambio
(camb), todo ello de forma recurrente y de manera retroalimentada y
enriquecida en el tiempo, como se puede apreciar en el diagrama número 1
que a tal efecto hemos elaborado: Diagrama número 1
Lo
anterior, además, apuntando a la necesidad de disponer de sistemas
prospectivos propios, construidos a partir de información disponible y
según se pueda ir progresando mediante el uso de modelos (explicativos y
de futuro) apropiados y del denso instrumental existente en la escala
global. Como
labor esencial del o la prospectivista, al propio tiempo, conviene tener
presente la necesidad de determinar de manera apropiada el ámbito,
sector, espacio, sistema entidad, objeto, realidad, motivo de atención o
pretendida intervención. Igualmente, conviene esclarecer los futuros
posibles, probables, deseables o preferidos, sin dejar de lado el análisis
de los futuros impensables e improbables, éstos últimos frecuentemente
nichos del nacimiento de nuevos paradigmas. Como
utopía, en tanto futuros deseables, adoptamos el valioso aporte de
Wallerstein (1998), quien en su “Utopísitca, o las opciones históricas
del siglo XXI”, afianza claramente la validez de la utopía en su
perspectiva de utopística, palabra de su propia génesis, en tanto
“evaluación seria de las alternativas históricas, el ejercicio de
nuestro juicio en cuanto a la racionalidad material de los posibles
sistemas históricos alternativos. Es la evaluación sobria, racional y
realista de los sistemas sociales humanos y sus limitaciones, así como de
los ámbitos abiertos a la creatividad humana. No es el rostro de un
futuro perfecto (e inevitable), sino el de un futuro alternativo,
realmente mejor y plausible (pero incierto) desde el punto de vista histórico”.
Una
visión anticipada sobre nuestros días El
físico austriaco Fritjof Capra (1998) nos desafía a una profunda reflexión
con los conceptos que ahora leeremos: “A medida que el siglo se acerca a
su fin, los temas medioambientales han adquirido una importancia
primordial. Nos enfrentamos a una serie de problemas globales que dañan
la biosfera y la vida humana de modo alarmante y que podrían convertirse
en irreversibles en breve. Disponemos ya de amplia documentación sobre la
existencia y el significado de dichos problemas. Cuanto más estudiamos
los principales problemas de nuestro tiempo, más nos percatamos de que no
pueden ser entendidos aisladamente. Se trata de problemas sistémicos, lo
que significa que están interconectados y son interdependientes. Por
ejemplo, sólo se podrá estabilizar la población del globo cuando la
pobreza se reduzca planetariamente. La extinción en gran escala de
especies animales y plantas continuará mientras el hemisferio sur siga
bajo el peso de deudas masivas, la escasez de recursos y el deterioro
medioambiental se combinan con poblaciones en rápido crecimiento,
llevando al colapso a las comunidades locales así como a la violencia étnica
y tribal, que se ha convertido en la principal característica de la
posguerra fría”. En
última instancia, destaca Capra, “estos problemas deben ser
contemplados como distintas facetas de una misma crisis, que es en gran
parte una crisis de percepción. Deriva del hecho de que la mayoría de
nosotros, y especialmente nuestras grandes instituciones sociales,
suscriben los conceptos de una visión desfasada del mundo, una percepción
de la realidad inadecuada para tratar con nuestro superpoblado y
globalmente interconectando mundo”. Hay
soluciones para los principales problemas de nuestro tiempo, algunas muy
sencillas, pero requieren un cambio radical en nuestra percepción, en
nuestro pensamiento, en nuestros valores, postula Capra, y continúa
aseverando que “nos hallamos sin duda en el inicio de este cambio
fundamental de visión en la ciencia y la sociedad, un cambio de
paradigmas tan radical como la revolución copernicana. Pero esta
constatación no a llegado aún a la mayoría de nuestros líderes políticos.
El reconocimiento de la necesidad de un profundo cambio de percepción y
pensamiento capaz de garantizar nuestra supervivencia, no ha alcanzado
todavía a los responsables de las corporaciones ni a los administradores
y profesores de nuestras grandes universidades”. Por
último, Capra expresa: “nuestros líderes no sólo son incapaces de
percibir la interconexión de los distintos problemas sino que además se
niegan a reconocer hasta qué punto lo que ellos llaman sus soluciones
comprometen el futuro de generaciones venideras. Desde la perspectiva sistémica,
las únicas soluciones viables son aquellas que resulten «sostenibles».
El concepto de sostenibilidad se ha convertido en un elemento clave en el
movimiento ecológico y es sin duda crucial. Lester Brown, del Worldwatch
Institute, ha dado una simple, clara y hermosa definición: «Una sociedad
sostenible es aquella capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir
las oportunidades de generaciones futuras». Éste, en pocas palabras, es
el gran desafío de nuestro tiempo: crear comunidades sostenibles, es
decir, entornos sociales y culturales en los que podamos satisfacer
nuestras necesidades y aspiraciones sin comprometer el futuro de las
generaciones que han de seguirnos.
Situación
actual y perspectivas Inserto
en los planteamientos precedentes, para nosotros, la situación actual es
realidad síntesis de una realidad-totalidad, es expresión de un complejo
de interacciones y retroacciones de un continuo histórico, en un espacio
temporal determinado según el protocolo del observador que la aproxima.
Situación actual no es entidad suprimida de factores multicausales, ni
entidad suspendida en el espacio, ni entidad descontextualizada, ni
complejo de interacción - retroacción sin fuerza de pasado ni de futuro.
Las
perspectivas, imágenes u expresiones futuras de realidades presentes
elaboradas anticipadamente, son producto de encuentros y desencuentros
factoriales que emergen y toman forma y emplazamiento en el horizonte,
como producto de dinámicas y voluntades de actores constituyendo
complejos de interacción - retroacción, en procesos históricos
determinados. Ellas están inscritas en los ejercicios de futuros
posibles, probables, deseables, impensables e improbables. Situación y perspectivas forman parte de la misma historia, acontecida y por hacer. La una, inscrita en el fluir y re-configuración recurrente de las dinámicas. La otra, emanando de ellas.
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