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Sistemas de Información para la Agricultura y la Vida Rural Desafíos y responsabilidades ¿En qué consiste el desafío específico referido a la información para la agricultura? Antes que nada, la situación exige darse cuenta del asunto, de sus componentes y de sus consecuencias en términos de ventajas y de problemas; luego, se requiere liderazgo, visión y acción concertada para organizar la institucionalidad pertinente y sus programas de trabajo. En nuestro caso, que junto a muchos otros contribuimos a promover el desarrollo sostenible de la agricultura, de la seguridad alimentaria y de la prosperidad rural, debemos encaminar nuestros trabajos en el marco de un proyecto país. Con esa perspectiva, es necesario modernizar e institucionalizar las fuentes de información, lograr pertinencia y oportunidad de sus contenidos, perfeccionar los medios y métodos de capturarla, procesarla y diseminarla, y organizar sistemas nacionales de información para la agricultura y la vida rural que superen fragmentaciones y trabajos paralelos, eviten traslapes y conflictos y aseguren la calidad necesaria. En una perspectiva estructural, el desafío también consiste en formar y capacitar a los actores del desarrollo: académicos, técnicos, extensionistas, docentes, estudiantes, productores y profesionales, de tal manera de construir una cultura de la información y de avanzar hacia la sociedad del conocimiento. Es más, también debe formarse a la población rural desde la educación básica, para que desde estudiantes comprendan la utilidad del uso de información/conocimiento, así como que sepan cómo encontrarla por todos los medios disponibles en el presente y en el futuro. La ejecución de esas tareas de formación y de capacitación, exige que el Estado estimule y contribuya a formular de manera participativa un enfoque integrador de los componentes de investigación, educación, información y desarrollo, entre sí y con el sector productivo y de servicios. Desde un punto de vista de sintaxis del procedimiento, inicialmente debe provocarse un diálogo entre actores públicos y privados para promover el “darse cuenta” de la importancia de la información como recurso clave para el desarrollo sostenible de la agricultura y de la vida rural, así como de los problemas, antes reseñados, que a ese respecto enfrentan nuestros países. Luego lograr constituir una voluntad nacional en cuyo marco puedan diseñarse y ejecutarse políticas y programas de información/conocimiento cuyos propósitos, objetivos, estrategias y organización sean funcionales a un proyecto país compartido. Ahora bien, si el desarrollo de nuestros países atañe a diferentes tipos y niveles de actores sociales, la organización de sistemas nacionales de información para la agricultura, dada su condición de componente estratégico, es responsabilidad de académicos, de políticos, de especialistas en información, de bibliotecólogos, de sociólogos, de economistas, de productores y de empresarios vinculados al tema de la agricultura y del desarrollo rural sostenible. Sin embargo, una cosa es la responsabilidad nacional de construir una cultura de información, de tomar decisiones y de asignar los presupuestos pertinentes y otra cosa es quién hace la tarea que hay que hacer para que la información sea un instrumento de desarrollo. En este punto, corresponde aclarar que si la implementación de fuentes organizadas y accesibles de información, de amplia cobertura, es responsabilidad de muchos, la tarea de hacer los trabajos que requiere ejecutar esa responsabilidad nacional, la realizan principalmente los especialistas.
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