Sistemas de Información para la Agricultura y la Vida Rural
Jorge Sariego Mac-Ginty

Situación de la información agrícola y rural en ALC

Nuestros países poseen avances diferenciados en la organización y uso sistemático de información para la agricultura y la vida rural, aunque en términos generales puede afirmarse que comparten, posiblemente con excepciones, varios tipos de problemas.

Primero, a pesar de existir una inversión social de significación en el tema, los sistemas de información agrícola desarrollados a nivel de país se encuentran desarticulados entre sí, lo que contribuye a dificultar su funcionalidad y a mantener costos obviables. Segundo, la accesibilidad a los mismos es factible para un sector social de mayores recursos, pero es restringida para agricultores medianos y pequeños y para la población rural en general.

Adicionalmente, sostenemos que hay otro tipo de problemas tal vez más importantes que los mencionados cuya solución configura un panorama de trabajo e inversión de largo plazo en el tema, vinculándolo a reformas estructurales en la educación formal y no formal de nuestros países.

Como anotamos arriba, una parte significativa de la información y el conocimiento disponibles son altamente especializados; utilizables, por ende, por individuos que configuran franjas muy pequeñas y exclusivas de la sociedad, que son capaces, por su formación, de entenderlos y de utilizarlos en su trabajo rutinario.

De otro lado, el conocimiento práctico a disposición de sectores más amplios de la población tiene propiedad intelectual y, por ende, exige pago previo para ser utilizado, hecho que de partida aniquila la posibilidad de participar de las grandes mayorías rurales.

En este punto una nota de optimismo: A pesar de señalarse que está disponible para todos, aunque es accesible y útil solamente para algunos, cabe destacar que los trabajos efectuados en información para la agricultura y vida rural en nuestros países han logrado importantes avances parciales, tanto desde el punto de vista de su captura, organización y oferta, como de su uso.

Sin embargo, y aún constatando que la información para la agricultura es abundante, hay que anotar además, con carácter de problema, que se sustenta generalmente en iniciativas aisladas, que se materializan en unidades de información diversas, muchas veces numerosas, pero sin vínculos entre sí.

Ello sucede porque la institucionalidad, en unos países más que en otros, está fragmentada en territorios temáticos propios, programas de trabajo no articulados con los de otras organizaciones, etc., lo que lo que obliga destinar ingentes esfuerzos y recursos para superar descoordinaciones, desencuentros y desaprovechamiento de sinergias, y procurar que los componentes y actores de dicha institucionalidad dialoguen y se articulen entre sí, de tal manera de configurar un todo armónico que trabaje en función de objetivos complementarios.

La lectura anterior es válida tanto para el sector público como para el privado, así como entre ambos, aunque los sistemas de información para la empresa privada suelen ser más efectivos desde el punto de vista de su aprovechamiento, dado que atienden a necesidades específicas y cuentan con financiamiento ad hoc. Un cuadro similar es válido respecto de fuentes de información agrícola regional.

Esa desarticulación entre fuentes y/o sistemas de información existentes a nivel nacional hace que la información técnica para el sector agrícola sea muy difícil de accesar, dado que se encuentra dispersa, fragmentada y en ocasiones traslapada. Aplicando una perspectiva de bien común, este fenómeno podría caricaturizarse diciendo que, en muchos casos, se trata de iniciativas que pueden colorearse más con una connotación de gasto que de inversión.

Pero hay otro tipo de problema. Ocurre que las unidades que organizan y ofrecen la información, además de estar desarticuladas entre sí, padecen, en nuestra perspectiva, de un mal mayor, se encuentran desinstitucionalizadas; en otras palabras, su función no es reconocida, en los hechos, como esencial y estratégica para el desarrollo.

Generalmente pertenecen a una unidad mayor que puede ser una universidad o un ministerio u otro tipo de institución; tienen en común que el presupuesto que se les asigna y el reconocimiento que se les otorga, por ejemplo a las bibliotecas y/o a sistemas específicos de información, es marginal, generalmente menguado e inferior a sus necesidades. Lo dicho redunda en su falta de sostenibilidad.

El IICA es testigo de numerosos ejemplos de proyectos que ayudan a ilustrar esa condición de desinstitucionalización. Tienen en común, además de su temática, el haber desaparecido. Lo dicho no implica afirmar que no sirvieron, ni que dejaron de cumplir un rol estratégico de utilidad para los países. Se trata de resaltar el hecho de que ya no están y de intentar una explicación a su término.

¿La pregunta es por qué han desaparecido? ¿Por qué es necesario recomenzar y reconstruir? Sin duda que la respuesta se asocia al hecho de que no fueron institucionalizados o asimilados por los países en la matriz de las iniciativas nacionales, por lo que no fueron sostenibles. 4/

Por otra parte, quizás en la cúspide de los problemas, se constata lo que podría denominarse falta de cultura de la información en nuestras sociedades, que golpea con especial énfasis a la población de las zonas rurales y que se expresa, entre otras formas, en el desconocimiento de que la información existe y de sus fuentes, así como de su función estratégica para la agricultura y la vida rural.

Sostenemos que ello ocurre porque en ALC no existen procesos de formación a nivel de las escuelas básicas, ni de educación media, acerca de la importancia y las maneras de utilizar información.

Debemos agregar que aún a nivel de educación superior, la formación en el tema es, en algunos casos incipiente, en otras, nula. Tampoco las entidades que preparan profesores incluyen en su plan de estudios las materias de teoría y de práctica pertinentes. Igual sucede con la preparación de extensionistas agrícolas.

Una cuota de responsabilidad de lo descrito, no menor, recae en los conductores de nuestras naciones, ya sean políticos, académicos, líderes de opinión y formuladores de planes, programas y proyectos de desarrollo, que hasta la fecha simplemente han desconsiderado el tema o le han otorgado importancia secundaria.

La situación es delicada, ya que el mundo cada vez más se sustentará en la economía de la información. Y este fenómeno de cambio ya es permanente y veloz. Sin duda en ALC estamos rezagados. Alguien debe hacerse cargo de efectuar la tarea. Revisemos el asunto.


4/ Citamos, entre otros, al Servicio de Intercambio Científico (1949); al Programa Interamericano de Información Popular (1956); al Programa Interamericano de Desarrollo de Bibliotecas Agrícolas (1967); al Programa de Información Agropecuaria del Istmo Centroamericano (1975); al Centro Interamericano de Documentación, Información y Comunicación Agrícolas (1946), que fue reestructurado como IICA-CIDIA (1970); al Sistema Interamericano de Información Agrícola (AGRINTER); al no nato Centro Referencial Interamericano de Información para la Agricultura (CRIIA); etcétera.